Rusia mueve ficha
No resulta sorprendente este estallido de violencia, estos primeros pasos hacia una guerra, en las puertas de Europa; ya que desde hace décadas la tensión en la zona es palpable. La cuestión que se plantea es si se extenderá por toda la región, citando a Brzezinski, por el gran tablero euroasiático. En este tablero, el damero está formado por los siguientes estados. Rusia, Kazajistán, Kirguistán, China, India, Irán, Turquía, Armenia, Georgia, Azerbaiyán, Siria, Jordania, Líbano, Israel, Arabia Saudiita, Yemen, Omán, Afganistán , Pakistán, Turkmenistán, Egipto y Suez.
A nadie se le escapa la importancia de esta región.
En primer lugar por su situación geográfica (canal de Suez, Mar Caspio)
En segundo lugar por los importantes recursos petrolíferos y gasisiticos de la zona, además de otros recursos minerales como carbón y manganeso. La riqueza petrolera de la zona genera el 45% de los ingresos que obtiene Rusia por sus exportaciones.

En tercer lugar por el peso político y militar de Rusia, China e India, sin olvidar la influencia de Arabia Saudita e Irán. Nos encontramos con potencias económicas, dotadas muchas de ellas de armamento nuclear, con capacidad de presión política aunque sea recurriendo a chantajes energéticos o de materias primas.
Y ,en último, lugar por su potencial capacidad de desestabilizar el statu quo actual con un conflicto que implicará a todos los continentes desde la Vieja Europa hasta Asia, pasando por África y con la segura intervención de EEUU, que ha hecho de la zona su pilar – o su talón de Aquiles, según como se vea- para mantenerse como hegemon.
Rusia se niega a perder el control sobre la zona tanto por su valor geoestratégico como por una cuestión de lo que podríamos llamar orgullo herido. Desde la fragmentación de la URSS, Moscú ha intentado mantener su esfera de poder mediante la Comunidad de Estados Independientes (CEI), ante el avance del espíritu europeísta y de la influencia estadounidense. Y en aquellos estados en los que no ha podido, básicamente Ucrania y Georgia, más reticentes a permanecer bajo las directrices políticas del Kremlin, ha seguido la estrategia divide y vencerás; financiando y entrenando a grupos armados con aspiraciones independentistas y realizando presumiblemente actividades militares de sabotaje como la voladura de una línea de tendido eléctrico y un gaseoducto entre Rusia y Georgia en 2006.
En el caso de Georgia, alrededor del 30% de la población son minorías de las que dos son los principales grupos étnicos: osetios y abjasios; ambos grupos étnicos han sufrido una gran represión bajo el gobierno georgiano y bajo el Régimen Soviético. El mapa creado por Stalin en 1930 que fijaba autónomas dentro de la URSS ha contribuido a instalar la idea entre algunos grupos éticos euroasiáticos como los chechenos que solo la existencia de un estado propio les aseguraría la defensa de su cultura y de sus peculiaridades. Para otros está protección de su grupo pasa por el desprendimiento de su Estado tutelar hacia uno nuevo, como es el caso de los osetios del sur o de una autonomía reforzada como los tártaros en el Volga. La desaparición de la Unión Soviética les da la oportunidad a ambos grupos para promover su independencia; el nuevo Gobierno ruso se sirvió de estos movimientos secesionistas como arma política, presionando al Georgia a entrar en la CEI .En 1992 la guerra en Osetia del sur por su independencia – y su anhelo de integrarse en Osetia del Norte, estado pro-ruso-; finaliza con la tregua de Sochi entre Rusia, Osetia y Georgia. Sin embargo en julio de se mismo año Abjasia proclama su independencia. Desde entonces la región ha vivido en un impass, en una especia de limbo, en el que dos nuevos estados se han creado de facto aunque no de iure.
En este tablero se juega con petróleo, se juega con el poder político, se juega con nacionalidades, pero se juega con las vidas de millones de personas. Desde los noventa el número de refugiados y desplazados internos, así como de muertos en combate se cuenta por millones.
La solución a este conflicto parece lejana, ya que existe un bagaje de conflictos anteriores mal resueltos y aun latentes, injerencia externa de potencias extranjeras, frágiles soberanías, inexistencia de un estado de derecho, múltiples diversidades étnicas y un gran atractivo económico que potencia la inestabilidad en la zona.